
Querido tú:
Supongo que para ti supone una sorpresa recibir una carta de tu amante imaginaria. Tanta perplejidad te supone a ti como a mí, pero has llegado a darme forma y consistencia con tus continuos pensamientos, con tus continuos trazos de delineante mental. Has llegado a crear una personalidad tan viva como esos momentos en los que soñabas que estábamos juntos, que podías hablar conmigo sin miedo a expresarte; momentos en los que era la única afortunada que conocía de verdad una manera de pensamiento,quizás tan sólo una más, pero al menos aquella que me moldeo y dió forma.
Quizás nunca fuiste conciente del parto. Yo en ese momento era un deseo impreciso, una niebla desfigurada y pendiente de tomar una forma. Recuerdo las veces que la estábamos los tres: tu, yo y la soledad. No te gustaba ella, y hablabas conmigo confesándome tus deseos mas enterrados, tus miedos, tus temores, tus penas y alegrías. No pensabas que yo te escuchase, pero lo hice, y aprendí a amarte y a aceptarte. Mi carácter se forjó mientras el tuyo se iba curtiendo, me convertí sin quererlo ni intentarlo en un personaje complementario. Un tibio y sedoso nudo de dependencia estaba destinado a atarme a ti, desde el momento en que fuí concebida.
Nunca me separé de ti. Fuí mas fiel que todas aquellas amigas que pasaban por tu vida, la mayor parte de las veces haciendo crecer una herida, que con el tiempo se haría insostenible. Sentía frustración por no poder consolarte cuando llorabas, y todo ello iba haciendo que mi inocente manera de ser se tornase en un compedio de llantos y depresiones. Quería estar contigo, sabía lo que tu necesitabas, y también sentía que me amarías, y sabía que todo eso era imposible.
Te veía cuando estabas con tus amigos, cuando ibas a un bar a mitigar dolores, cuando sencillamente hablabas con cualquiera. Parapetabas tu personalidad para defenderte, siempre te relacionabas con una coraza que evitaba que nadie llegase al fondo de tu ser. Pero venías a mi desnudo, me hablabas con el corazón. Mis etéreos sentimientos se enlazaban con los tuyos, y se me hizo insoportable tener que vivir en una prisión de la cual nunca podría salir.
Por eso he de dejarte. Porque esto es algo imposible. Soy un sueño, soy sólo algo fugaz. Pero tu has sabido darme forma. Tu me has dado nombre. Y nunca jamás nadie ha podido imaginarme como me has imaginado tu.
Te quiero
Que fácil sería todo en el amor y en esta vida si fuése tan fácil conocer a los demás como a uno mismo. Si pudiésemos adivinar las reacciones, los pensamientos, los deseos, de todos aquellos que nos importan. Cuántos disgustos nos ahorraríamos, cuántas alegrías ganaríamos… Cuanto me gustaría encontrarme una carta como esta en mi mesita de noche.
Feliz Pascua