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Una [otra] promesa

July 20th, 2010 July 20th, 2010
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[lang_es]Con tantos años a mis espaldas me sigue costando definir para qué quiero mi blog personal. Creo que con el tiempo lo he ido convirtiendo en una especie de lago inicialmente evaporado que iría siendo rellenado con los pensamientos e ideas que fluyesen desde mi algún lugar recóndito y funcional de mi cerebro. En algún momento de la vejez lo releería para ganar la partida a Alzheimer, o quizás quedase mi pequeña aportación al mundo en un futuro lejano.
Con el tiempo, naturalmente, me he ido llenando de obligaciones, tareas y hobbies varios. Unos por obligación, otros por curiosidad, otros por inercia; pero al final siempre ocupaban la mayor parte del palacio conocido como Tiempo, haciendo que el blog se fuese relegando a un segundo plano como un proceso con una prioridad baja.

Desde que el periodo de más actividad empezó a tocar fondo, he tenido muchas experiencias fuera de Internet. No he dejado de tener ideas e historias, pero nunca he encontrado el hueco para plasmarlas. Aunque haya sido una continua sucesión de pasos hacia adelante y hacia detrás finalmente lo valoro como un paso satisfactorio hacia la madurez. He rellenado mi corazón con muchos recuerdos de buenas personas. He cumplido una parte que era importante de mis sueños, aunque en este caso el balance ha sido negativo: han surgido muchos más que esperan su oportunidad, agazapados ante cualquier flaqueo de la voluntad para alzarse e izar su bandera sobre alguna de las colinas de Voluntad.

No he dejado de escribir en todo este momento, aunque no he publicado hasta que no alcanzaba un factor de satisfactibilidad razonablemente aprobado. No quería escribir con presión, sino cuando la necesidad me ahogase tanto que hiciese inevitable que pudiese expresarme de manera adecuada. Pero me he dado cuenta de que desfogarse de una manera menos que más anónima es una terapia, algo que te permite liberar alguna reflexión e inevitablemente ir tejiendo las siguientes.

No consigo seguir los compromisos igual que podía hacerlo unos años atrás (quizás sea una de esas fases del paso hacia atrás), pero voy a intentarlo con una obligación que posiblemente haya hecho algún día 1 de Enero. Intentaré ir completando un artículo cada mes, lo que hace que tenga que publicar 5 más en lo que me queda de traslación terrestre.[/lang_es]

[lang_en]Trying[/lang_en]

The Deep South

July 20th, 2010 July 20th, 2010
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He pasado multitud de veranos de mi adolescencia en un pueblo de esos de la España profunda, de esos ocultos entre valles y precarias comunicaciones de tren. Menos de 2.000 habitantes, con críos corriendo por las calles y jugando hasta las tantas de la noche, sin miedo a nada, porque nada había que temer. Las abuelas que yo nunca tuve eran de las del moño forzado y luto perpetuo, luto eterno por todos los que se murieron antes que ellas. Nunca las ví vestidas con ningún otro color. Y recuerdo su olor a rosas, porque siempre tenían un tarrito de crema con olor a rosas que le traía una chica que trabajaba en la urbe, y sus caras totalmente arrugadas y, sin embargo, cálidas y suaves al tacto.

Todas las arrugas del mundo se concentraban en sus caras, porque en sus manos y en sus piernas no tenían ni una. Manos rojas, calientes, muy suaves, aunque de dedos finos, y sus piernas eran la envidia de las mujeres jóvenes por lo bien hechas que estaban.

En el pueblecito de esas abuelas, donde pasé tantos veranos y tantas navidades, no olía a campo y ganado. Olía en verano a flores, a fruta, porque la huerta estaba casi detrás de cada casa, y en invierno… En invierno olía a chimenea en la que la madera se quemaba. Me encantaba pasear por las calles desiertas de las noches de invierno, bajo un silencio atronador, sin coches ni semáforos. Algún vecino apresurando el paso para llegar a tiempo a la cena, o volviendo de visitar a alguna de sus esquivas amantes. Siempre se cruzaba un “buenas noches” aunque apenas lo conocieras, porque a fin de cuentas seguro que había alguna conexión. Y recuerdo esas cosas, pero es curioso que casi lo que más recuerde sean los olores. Y no recuerdo un olor, sino una mezcla del que provenía de las castañas asadas, patatas con su piel, pan tostado con aceite, reuniones alrededores de los portales de un hogar para contar historias, o simplemente el olor del silencio. Todas las abuelas tenían tenía una mecedora donde se sentaban todas las noches, al lado de su portal o de la chimenea, y disfrutaban con sus nietos alrededor de la lumbre, el delantal colmado de caramelos y castañas para dárselos poco a poco, mientras los más mayores disfrutaban de una cerveza al bar o preparaban la cena.

Los abuelos que yo recuerdo llevaban las camisas tan bien cerradas que daba la sensación de que se ahogaría. Los cinturones eran de cordel y nudo pero los domingos, antes de ir a misa, aparecían tan arreglados que se quitaban de encima ese montón de años que el mucho y duro trabajo les había dado.

Y es que en los pueblos del [sur | centro] profundo los domingos la gente se engalanaba con sus mejores ropas, y éramos los de ciudad los que desentonábamos con ese modernismo inmaculado mal entendido, con esa superioridad tan inferior, faldas imposibles llenas de arrugas, trajes estirados… Los domingos era fiesta, y el pueblo entero se juntaba en la iglesia (las mujeres oraban, los hombres esperaban en el bar) para escuchar el sermón de don Alfonso, un cura que si tenía que decir con nombre y apellidos que había pillado a fulanito y menganita besándose en un portal lo decía, provocando con ello muchas conversaciones a la salida del templo.

Y después de la misa, el aperitivo: los bares se llenaban de gente deseosa de tomar una cerveza, un vino, una tapa de queso, lo que fuera, charlar con los vecinos y echar el rato antes de meterse en casa para comer.

La ventana del tren, convertida en televisor improvisado, dibujaba cada fin de semana un paisaje que nacía y moría a cada instante, presa de la velocidad. Los tonos verdes se confundían con los marrones y el sol, exhuberante, aportaba algo de alegría a la escena. Recorrer esa distancia, unos 200 kilómetros, era un ritual rutinario del que disfrutaba cada vez que lo hacía. Me dejaba llevar, aún cuando no tenía motivos para hacerlo, por la melancolía. Recordaba momentos pasados y me olvidaba del futuro,y mezclaba todo en mi memoria hasta crear el material del que, dicen, están hechos los sueños. España es honda y profunda, como un infierno. España es profunda y taconea pese a quien le pese, y se abanica y se toma un chato con tortilla, mientras expide su olor a ajo y lejía.

Dicen que los recuerdos que se guardan provienen de la infancia. Mi primer recuerdo proviene de la adolescencia.

Alboroto, algarabía, griterío, barahúnda, escándalo, bulla, bullicio

March 1st, 2010 March 1st, 2010
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Mientras procuro encabezar una iniciativa para cambiar la entrada de la RAE, Lunes de “1. m. Primer día de la semana, segundo de la semana litúrgica.” a “1. m. Día de depresión, referente a la lejanía del descanso” y me dedico a poner mis múltiples asuntos en orden, la puerta de mi oficina se abre, mientras deja escapar un alboroto propio del momento inmediatamente después a un Tsunami o la colisión de un asteroide con el planeta. Por la puerta cruza mi enemigo declarado, Mohammed (cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia). Mientras habla por su teléfono rivalizando en intensidad de voz con el motor de un Boeing 747 defectuoso, y golpea su mano contra su pantalón vaquero de 5 € (sin rebaja aplicable(, me dedica un “Good morning”, mientras mis ojos inyectados en sangre por su irrupción devuelven el mismo saludo como si de una pelota de paddel se tratase.

Mi enemigo Mohammed proviene de un país localizado entre los meridianos 60º y 120º, en el que parece ser el silencio es motivo inmediato de apedreamiento público o algún otro sistema tradicional de ajusticiamiento. Mis últimas visitas a la sección de apareamiento de elefantes esquizofrénicos en el Zoo fueron más tranquilas que cualquier día de trabajo con él. Mientras lanza con furia sus objetos personales contra la mesa, se sienta en una silla y empieza a tocar la batería imaginaria, no para de hablar por teléfono y golpear objetos con la mano. Su localización es mi más inmediata espalda.

Mohammed, que tiene alergia al plástico y sus derivados, entiende que debe confraternizar más conmigo. Para ello, pone en manos libres su móvil para que pueda disfrutar del último hit del país que se encuentra entre los meridianos 60º y 120º. Lamentablemente, nuestra concepción de la palabra disfrute parece discernir en lo fundamental.

Astiado, procedo a colocarme mis Skullcandy de 55€ mientras busco cualquier canción con la intensidad suficiente para hacerme olvidar, para convencerme a mí mismo de que me encuentro en una solitaria y silenciosa oficina en la que puedo trabajar sin complicaciones, porque no hay interferencias exteriores que puedan distraerme de mi tarea.

Procuro concentrarme, pero la dificultad aumenta conforme Mohammed empieza a sacar sus gallos de pelea y colocarlos en su mesa. Al parecer, en el país que se encuentra entre los meridianos 60º y 120º, es tradición montar peleas de animales ilegales para obtener mayor rendimiento laboral.

Dándome la vuelta con un entusiasmo propio de alguien que quiere partirle la cara a su peor enemigo, le solicito con la mayor educación de la que puedo hacer gala que haga el favor de usar cascos y guardar sus gallos de pelea para otro momento. Mohammed, para quien la expresión “por favor” significa “sólo si quieres” se disculpa por el escándalo montado, guarda su móvil, sus gallos de pelea, y llama a sus amigos para cancelar las apuestas que estaba esperando con fervor para el combate de gallos del día de hoy. Con una cara que no da a entender “te amaré para siempre”, me vuelvo en mi silla y procuro esta vez procurar recluirme dentro de un sistema cerrado.

Mohammed decide que hoy no es necesario trabajar en la oficina, y decide realizar una conferencia telefónica de duración indeterminada. Dado que su interlocutor es sordo, Mohammed entiende que debe hablar lo suficientemente alto como para que el resto de los miembros de su oficina suframos una explosión timpánica.

Dado el estado de exasperación que me domina, decido que el destornillador presente debería mudarse en estos momentos al interior del cráneo de Mohammed. Con un rápido giro, agarro en la misma circunferencia el destornillador y lo giro para que haga impacto en las zonas blandas cerebrales. Con bastante éxito, el destornillador penetra limpiamente, mientras un pequeño chorro de sangre comienza a bullir por la herida y Mohammed se desploma sobre la mesa. Me aseguro de su muerte clínica, mientras extraigo el destornillador y me vuelvo a mi mesa. El resto de la oficina me aplaude y vitorea.

Despierto. Mohammed sigue en su competición de griterío personal. El resto de personal de la oficina parece estar teniendo el mismo sueño que yo. Finalmente, decido coger el ordenador y cambiarme de estancia.

Aachen y los Mormones

January 13th, 2010 January 13th, 2010
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Aachen es una ciudad tranquila. Su quietud es sólo comparable a la superficie de astros muertos como la Luna. Hasta hoy, el acontecimiento más reseñable que me había ocurrido era perder el tren, o recibir cambio incorrecto en alguna de sus tiendas.

Pero hoy me ha ocurrido algo distinto. Caminando desde el trabajo a mi casa, me he encontrado con dos chicos jóvenes en una calle angosta y llena de nieve por los laterales. Tras dejarme paso, ya que sólo una persona podía cruzar por el estrecho pasillo e iniciar la conversación de rigor (”Danke”, “Bitte”), estas personas han osado romper el protocolo parloteísta. Al oir palabras de fondo que no se correspondían con las esperadas, he tenido que quitarme los cascos e intentar pasar del modo-música al modo-prestar-atención.

En un alemán muy correcto han empezado a hablar de fé y de Dios. Como naturalmente me ha pillado por sorpresa, he tardado unos segundos en reaccionar. Confundiéndolo con una falta de dominio de la lengua alemana, y dado mi aspecto no ario, han cambiado automáticamente al inglés.

-”Hoy queremos hablar de Dios contigo.”

Mi lóbulo izquierdo, que maneja los aspectos lógicos de mi vida, sugiere bajar la cabeza, girar mis piernas e iniciar la huida a velocidad de crucero. Mi lóbulo derecho, aquel que controla las emociones, ordena a mi sistema nervioso central que permanezca impasible reflejando un interés inexistente en mi mirada. La verdad es que es la primera vez que hablo con alguien en todo el día, y no quiero morir por falta de contacto humano.

-”Somos predicadores de la palabra de Dios.”
-”¿Qué es lo que piensas de Dios.”

Mi atea e irreverente mente, sin parar a pensárselo, ha dicho lo primero que se le ha ocurrido

-”En realidad no soy creyente.”

Los dos predicadores han cruzado miradas fugazmente, echando mano mentalmente al capítulo 4 de “Apología del Señor para ateos, niños y otras entidades herejes”

-”Podemos de todas maneras hablar contigo. Hay mucha gente que no cree en Dios porque es muy difícil”

Tras 3 minutos repitiendo lo que previamente había escuchado en el curso de Religión de 3º de la ESO, se ponen las cartas sobre la mesa

-”Nosotros somos de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días”

[Pienso automáticamente en nombres largos, como Felipe Juan Froilán de Todos los Santos]

-”¿Has oído hablar de nosotros?”
-”Si”
-”¿Qué sabes de la Iglesia Mormona”
-”Creo que es una sect…”

[Silencio incómodo]

-”…una escisión de la Iglesia Católica, que comparten parte de los dogmas de la Biblia”

[Respuesta aleatoria en curso]

-”No exáctamente.”

[3 minutos de charla irrelevante con cita incluída para el adoctrinamiento el sábado]

-”Danos un teléfono, para estar en contacto contigo”

Busco en la agenda del teléfono “Neno” y lo proporciono riéndome para mis adentros
-”Un saludo, y espero que os vaya bien”

Nada más llegar a casa, enciendo el ordenador y me conecto para buscar más información.

-”Mormones, Wikipedia…. Practican la poligamia, minipunto para los Mormones… los varones se casan a la edad de 18, minipunto para quedarme el sábado en casa… blablabla… blabla… blablabla”

El resto de puntos son sospechosamente parecidos a los de la Iglesia Católica. Dadas las circunstancias, el sábado tengo un plan más interesante, que es estudiar para el infernal Febrero que me espera. En otras circunstancias me habría pasado por su Iglesia Mormona para tener conversaciones vacías en las que nadie cambiaría su punto de vista

Errores que inducen a viajes

July 7th, 2009 July 7th, 2009
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“Cierra los ojos y procura no respirar hasta que escuches algún sonido”. Es lo que recomiendan siempre en cualquier viaje a través del tiempo.

La primera vez queda grabada a fuego en la memoria como un parto. La sensación de vómito no abandona en ningún momento al individuo, y la vertiginosa velocidad de transporte, unida a la impresión de ingravidez y de vacío hace que cada uno de los segundos se alargue indefinidamente (contrariando así la propia naturaleza de los viajes, que supone rodear a la propia esencia del tiempo). Particularmente, siempre recomendé a todos mis pacientes que cerrasen los ojos fuertemente, hasta que fuesen capaces de ver aquellos puntitos de colores. Entonces, sabía que en ese momento violaba una pila de principios de la física que hace un siglo se suponían solidos e incontrariables.

Muchas de los viajeros intentaban enmendar sus errores pasados mediante estas travesías. Jamás leyeron el primer principio de la neo-física del futuro:

1.- La conciencia es imborrable

Títeres

July 7th, 2009 July 7th, 2009
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A veces pienso que es la marioneta la que maneja los hilos. Uno mueve las varillas y el títere responde de manera que parece autónomo e interactúa con su entorno, y a veces interactúa con uno mismo y le obliga a uno mismo a interactuar también. Accinó reacción, acción, reacció;, y entonces es cuando pienso que es la marioneta la que maneja mis hilos, que soy el títere de un títere, que somos títeres encerrados en un retablo encerrado en otro retablo, que somos títeres.

Diarios del futuro

July 24th, 2008 July 24th, 2008
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Buscaba con el primer paso el regreso a España. Doce meses parecían un ciclo de eternidad del que jamás conseguiría escapar. Las semanas entibiaron mis deseos. Me había acostumbrado a otros usos y moldes, a las interminables tardes políglotas, a las noches de risa y filosofía, a ser algo más que lo que había sido hasta entonces. Apuré bastantes botellas en la última noche, recopilando memorias que se erosionarían al abandonar Alemania. Muchas fotos se perdieron, cosecha de muchas tardes y noches, estropeadas por las cámaras baratas y mi falta de talento. Los diarios nunca se terminaron de escribir, confiando en las seguridades del recuerdo. En ocasiones me pregunto si estuve realmente allí, o es un delirio de mi mente escritora, y entonces busco la foto de Aachen, donde la catedral se alza imponente; espontáneas fotos con decenas de almas, juguetes del polvo en el fondo de mi disco duro; algún rincón ajado de mi memoria, que contiene lo más importante.

Cuando estas líneas lleguen a su punto y final, agotaré algunas de mis últimas reservas de vino rosado.

Tiempos nuevos…

July 22nd, 2007 July 22nd, 2007
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Imágenes de la que ya está confirmada como mi vivienda durante una parte importante de mi vida. El día 1 de Agosto iré a Eindhoven, y de allí a Köln y a Aachen, para una primera toma de contacto con el sistema de transporte germano y la ubicación de los puntos de referencia en la ciudad. El día 18-19 de Septiembre me ubicaré allí de manera definitiva.

Año de cambios a punto de comenzar… Naturalmente no tengo miedo, pero si un sentimiento de inquietud que a duras penas consigo apaciguar. En mi balanza personal de valores hay mucho que perder y mucho que ganar. Lo que tengo claro es que el que no se mueve, caduca. Era una decisión que iba a tomar de un momento a otro, y creo haberla tomado en un momento adecuado. Me espera un año aprendiendo alemán, un año estudiando en otro país, un año de apertura y enriquecimiento cultural, de ampliación de mis puntos de vista… un año de ampliación de mi campo de batalla.

He conseguido independencia económica para poder animarme a dar este salto (tras tanto tiempo trabajando, tanto de paro como de una pequeña nómina que mantendré allí conseguiré el sustento necesario para no hacerme paterno-dependiente), aunque no tanto independencia sentimental en muchos aspectos.

Gracias a los que en un momento u otro, de una manera u otra, me han animado y/o apoyado. A todos ellos, e incluso a alguno más, espero que sepáis que os llevo muy dentro de mí (aunque con el paso de los años mi corazón se haya computerizado enfriado, y no consiga manifestar más sentimiento que la salida de texto de una consola). Y que nos veremos en los bares.

Saludos.

Brutalidad biológica

May 2nd, 2007 May 2nd, 2007
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15:32: Un viernes como otro cualquiera. Tras las clases de rigor de por la mañana, una comida entregando aquel ticket azul tan sencillo, y sin embargo con los índices de falsificación más bajos de todo el planeta, esperábamos entre café, pacharán e hilos de conversación (modo multithread) la clase que nos conduciría al inicio del final del viernes, ergo al último puente de este curso lectivo y por ende, al que quizás fuese el último fin de semana que se pudiese uno tomar con calma. Poco después empezaría la contrarreloj, que en realidad habría empezado a contar desde Septiembre, sin nosotros enterarnos.

15:36: ¡Alarm!. A mis neuronas llega a través del SNC, cruzando una sináptica red de complejidad indesentrañable y a una velocidad de 43 metros por segundo, una señal eléctrica que el ser humano había aprendido a temer desde que estructuras sociales habían empezado a regir nuestros destinos y habíamos abandonado nuestras costumbre animales
{ signal(SIGHECES, Kike) }

Siento como un movimiento intestinal sacude mis cimientos como persona, y lo único que recuerdo de aquel instante es mi penoso intento de seguir la conversación a algún desafortunado interlocutor que proyectaba mentalmente una imagen de hombre interesado en su dialéctica, imagen que se alejaba a pasos agigantados de la realidad a casa segundo que pasaba.

Tenía que trazar un plan rápido, aquello era evidente. Me levanté con aire acompasado, interrumpí a mis ordinarios compañeros con un rutinario ¿Queréis tomar algo?, que todos respondieron con un rutinario no, y comencé a alejarme con un objetivo en mente: expulsar mis heces.

Evité una serie de friendFinders mientras trazaba mentalmente mapas con la ruta más rápida hacia la salida de la cafetería. Me coloqué allí en menos de 15 segundos. Ahora debía trazar una nueva ruta de emergencia, teniendo en cuenta que el tiempo era importante. Decidí, en un alarde de originalidad, acudir a los servicios de la 4ª planta. Como todo el mundo, odio ejecutar esta acción en lugares lejanos a mis puntos de anclaje. La 4ª planta tenía todos los ingredientes que se estimaban a priori necesarios para poder encontrar un lugar vacío, afable, que me recibiese con los brazos las puertas abiertas y no me preguntase mi procedencia, mi color de pie ni mis gustos musicales.

15:41: Planta 4ª. Salgo del ascensor con el modo sigilio activado. Nadie se cruza conmigo, nadie me pregunta, nadie me observa. Me dirijo al pasillo izquierdo. Mi retículo intestinal se encuentra en unos momentos de tensión extrema: ha habido personas que en este momento han estallado, habiéndoselas reconocido tan sólo cuando se efectuó la prueba del ADN. Sin embargo, soy un experto en este asunto.

Empujo la puerta sabiéndome dominador de la situación, con aires de forajido far-west, mientras una sonrisa de victoria se dibuja en mis labios. Hay dos puertas. Pero… algo no estaba en orden. Una de ellas estaba ocupada, y no sabía que ser se encontraba en su interior. Podría ser un profesor con ávida sed de sangre, otro alumno que hubiese recibido la misma señal, el fontanero, un Locus… Con temor, empujé la puerta contraria, y con rapidez cerré el cerrojo mientras meditaba sobre el hecho…

15:42: Silencio…

15:43: Silencio…

15:44: Percibo unas vibraciones sonoras, que mi cerebro en centésimas de segundo asocia a un sonido familiar, sonido que reposa tranquilamente en el córtex cerebral sabiendo que ninguna droga jamás le hará salir de aquel baúl de los recuerdos. Es una cadena, y el agua que posteriormente le sigue me devuelve en parte la conciencia. Aquel ser debía encontrarse en esa habitación del odio, en esa habitación donde las convenciones humanas no contaban para nada, con el mismo objetivo que yo. Han sido dos minutos de tensión. Ambos, conocedores de la situación del rival, hemos evitado hacer ruido, esperando a que alguien abandonase el lugar para poder expulsar heces con tranquilidad, y sin miedo a violar alguna ley del buen gusto no escrita. Tras el consabido ritual (limpieza de manos, papel higiénico en llamas por debajo de la puerta como venganza…) y la posterior salida de mi vencido y desconocido contrincante, me jacto de mi nueva situación, mientras inicio una sonora evacuacion, impensable en otros momentos, con público expectante…

…30 segundos es lo que tarda mi otrora vencido contrincante en devolverme x5 el golpe efectuado. Escucho como 3 personas diferentes entran en la habitación, ambas conocedoras de mi ubicación actual. A través de los átomos de madera de la puerta violeta entreveo una sonrisa de revancha, malvada, una sonrisa de satisfacción y de rabia evaporada. Acababa de marcarme un gol, y el lo sabía.

Aquellas personas entablan conversaciones profundas sobre aulas, planificaciones, sueños personales… mientras saben que cada segundo que ellos malgastan allí me roban un poco de mi vida. Ellos sabían que estaba allí, y pretendían destruir mi deseo y voluntad de dominar el mundo. Saben que nunca haría un ruido mientras estuviesen expectantes, y se regocijan en ello.

Quien inventó las convenciones sociales, utilizó el sexo como sistema de dominación natural, y el dinero y los servicios como sistema artificial de dominación de la voluntad humana. Aquel que controla las puertas de un servicio público controla una pequeña porción de mundo. Me dije a mi mismo que si sobrevivía a esto, comenzaría a invertir mis pobres ahorros en Roca.

15:56: La presión en mis intestinos golpea con una fuerza inusitada. Necesitaría una plancha hidráulica para mantener mi esfínter cerrado, pero mis oponentes no van a abandonar ahora. Son profesionales, y esperarán charlando en su sitio hasta que me llegue mi hora. Decido entonces tirar de la cadena, con la esperanza de que tal vez llegue a algún sitio donde el dolor no exista, y los residuos del metabolismo celular puedan ser expulsados a través de la conversación, o reciclados.

Escaleras solitarias, expectantes… Soledad

February 17th, 2007 February 17th, 2007
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¿Alguna vez habéis salido en una estación de metro destino, en hora punta, y al llegar a la vacía y virginal escalera mecánica, que aguarda para poder elevar y sacar de aquella madriguera de hormigón a todo aquel que solicite su ayuda, habéis vuelto la vista atrás y habéis sentido miedo?

Me pasa con frecuencia en Ciudad Universitaria. Dada mi ansia irracional por no perder ni un segundo más de lo indispensable que se manifiesta, entre otros momentos, cuando me desplazo por Madrid y más concretamente por el metro, suelo ejercer un movimiento intermedio entre caminar y correr.

En mi atestada cabeza, aparte del archiconocido juego de no pisar las rayas, existen otros muchos más. Otro de ellos es el de las carreras de personas. En una apabullante mayoría de casos, la carrera es tan sólo por mi enfermizo lado, pero en otro escueto porcentaje, tengo la sensación de que mi virtual oponente me lanza una mirada retadora, y me desafía en un duelo de pies delante de pies. Generalmente gano, dada mi experiencia de años en la materia y gracias a mi ultra-acelerado sistema nervioso. Pero hoy, hoy, un oponente ha podido conmigo, y a mitad de camino he caído rendido, pasto de su superioridad muscular y mental. Era una chica de apenas metro cincuenta, a la que ni tan siquiera he tenido ocasión de ver la tez. He rebuscado entre mis bolsillos en busca de algún premio simbólico, pero cuando mis manos habían dado con el talonario firmado y en blanco, la chica había desaparecido en la jungla urbana…

[posiblemente haya seguido ella sóla con su competición]

Y a propósito de desubicaciones mentales, estoy pronto a acabar los exámenes. Si no me equivoco, me quedan log(n/2) + |3x^2*(45^1/2)!… 4 exámenes, con fechas todas ellas para la semana que el lunes entrará a formar parte de nuestras vidas (y que por la misma regla, saldrá el domingo, o el viernes para los que tengamos pensado sumergirnos en un vendaval etílico).

En fin… Suerte a los que la van a necesitar, y saludos a la mayoría. Nos leemos por estos lares.

Desde mi Katrina sentimental

January 20th, 2007 January 20th, 2007
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Hay veces que vuelven determinados nubarrones en la vida, y uno no sabe demasiado bien como actuar. Tormentas que ya se creían pasadas, que en un momento dado giran y vuelven a empaparte de angustia, o traen sensaciones que creiste dejar olvidadas y sin embargo ahi están… Esperando, para estrangularte y hacerte sentir ese nudo en el estómago que tan dejado atrás estaba, sin ningún tipo de piedad o misericordia (¡como si una sensación fuese capaz de sentir!)

Con el tiempo me he ido acostumbrando a vivir con esos nubarrones. Uno se ve afectado en prácticamente todos los ámbitos de su vida: el carácter se le agria, la susceptibilidad aumenta exponencialmente, para ejercer la sonrisa hay que dedicarle bastante más energía de lo que en cualquier situación normalizada hubiese sido necesario. El corazón te late en ocasiones con más fuerza, como queriendo librarse de eso que no puedes definir y que te atenaza, como si dependiese de nuestro minúsculo almacén de ventrículos… las cosas no siempre salen como uno se espera

Desde hará algún tiempo, conocí a esa chica que creo que una mayoría conoce, y que me hecho estabilizarme bastante más de lo que nunca había conseguido: desconozco si por problemas estructurales inherentes a lo que soy, por lo que llamaríamos mala suerte, sencillamente por que los guionistas de mi vida son unos cachondos o a lo mejor ni tan siquiera requiere de explicación alguna. Sin embargo, queda otra que en ocasiones, como un terremoto al que nadie echaba en falta, intenta de nuevo destruir los cimientos de mi vida, como si todavía no se hubiese sentido satisfecha, o pensase que por algún motivo dado que desconozco necesito algún castigo por otra causa que desconozco.

Sólo quiero agradecerte, Patri, los 9 meses que casi hemos podido compartir juntos (si el primer día nos hubiésemos acostado y se hubiese roto el condón vaya una jodienda ). Agradecerte que hayas ignorado mis momentos en los que ni yo me aguanto, o que, sabiendo del pozo que salía, hayas sido tu la voluntaria que me ha lanzado esa cuerda. Cuerda que nunca nadie me ha lanzado, y cuerda a la que disfruto estando agarrado. Espero que tu mantengas tu extremo bien agarrado. No pienso tirar de el para que te haga daño.

Te quiero.

From…

November 9th, 2006 November 9th, 2006
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“Those who say the poet is a private and precious person, I don’t agree with. Generally he is just a dumb fiddling asshole writing insecure lines that don’t come through, believing he is immortal, waiting for his immortality which never arrives because the poor fucker just can’t write. Most poets can’t even write a simple line, like the dog walked down the street. Nothing should ever be done that should be done it has to come out like a good hot beer shit.”

Hank Bukowski

Visto en Things Are Bigger than they appear, de Sweek

Instrucciones para llorar

November 2nd, 2006 November 2nd, 2006
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Dejando de lado los motivos, atengámonos a la manera correcta de llorar, entendiendo por esto un llanto que no ingrese en el escándalo, ni que insulte a la sonrisa con su paralela y torpe semejanza. El llanto medio u ordinario consiste en una contracción general del rostro y un sonido espasmódico acompañado de lágrimas y mocos, estos últimos al final, pues el llanto se acaba en el momento en que uno se suena enérgicamente. Para llorar, dirija la imaginación hacia usted mismo, y si esto le resulta imposible por haber contraído el hábito de creer en el mundo exterior, piense en un pato cubierto de hormigas o en esos golfos del estrecho de Magallanes en los que no entra nadie, nunca. Llegado el llanto, se tapará con decoro el rostro usando ambas manos con la palma hacia adentro. Los niños llorarán con la manga del saco contra la cara, y de preferencia en un rincón del cuarto. Duración media del llanto, tres minutos.

El cartero de Lucía

September 27th, 2006 September 27th, 2006
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Tomado de Ciudadano M

Acabo de regresar de vacaciones y he encontrado una carta en el buzón, que ha hecho que se me saltaran las lágrimas… de risa. A mi sobrina Lucía, de 8 años, se le ocurrió enviarnos una postal y, como no tenía a mano nuestra dirección, optó por realizar una descripción pormenorizada de la situación de nuestra casa, que no tiene desperdicio.

En letra mayúscula, redactó unas indicaciones que ocupan ocho líneas en el sobre (ver foto) y que incluyen todo tipo de agradecimientos y buenos deseos para el cartero. Me hubiera gustado ver su cara cuando encontró tan singular carta y espero que le provocara la misma hilaridad que a nosotros.


Cuando hay problemas y demoras en el servicio de Correos, los carteros se llevan la peor parte. Por eso, en este caso quiero agradecerle el que se haya tomado la molestia de seguir las pistas de la niña para localizarnos y que la carta de mi sobrina haya llegado a su destino. Con una sonrisa, es mucho más fácil la vuelta al trabajo.

Sobre la amistad…

September 16th, 2006 September 16th, 2006
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Después de un largo verano sin dar señales de vida, y a todos aquellos que entrarían dentro de la categoría de saudades:

Soy consciente de que este año será, para una gran mayoría, el principio del fin. Tras una cantidad indeterminada de tiempo caminando juntos, compartiendo vivencias, llega un momento en el que los caminos, hasta ahora comunes, empiezan a separarse y cada uno se traslada a su propia autovía, a su propio sendero de sueños y proyectos por realizar, a su propio avance en la vida en solitario o con distintas compañías.

A todos aquellos de los que he aprendido algo, a los que he podido enseñarles cualquier novedad en sus vidas, a todos aquellos con los que he compartido momentos, muchas veces inolvidables, a todos aquellos de los que llevo parte de su ser bajo todos mis sentimientos; a todos los que han estado dispuestos a tender una mano altiva, con los que he compartido unos acordes musicales de la vida. A esa minoría dentro de una mayoría, tengo ganas, después de este verano, de daros un abrazo psicológico (el físico destrozaría mi reputación de duro norteño). Porque sé que en muchos casos, después de este ciclo académico, nuestras vidas seguirán caminos independientes en la mayoría de los casos, sin más contacto que cumpleaños, quizás fines de año y similares; y para evocar viejos momentos deberé efectuar un nostálgico viaje por la senda intimista de los recuerdos. Pero quiero deciros que me siento orgulloso de haberos tenido como compañeros, y sobre todo como amigos.

También quiero exponeros que este año, precisamente por ser el último trayecto de este viaje en tren, pienso demostraros desde el principio hasta el final lo mucho que habéis significado y significaréis para mi, y aprovechar a pesar de las obligaciones cada fragancia de segundo que pueda aspirar.

Con el paso de los años, uno se acostumbra a cambios drásticos en su soporte sentimental, y las lágrimas y el llanto muchas veces se intercambian por un cruce de manos, una última mirada cruzada o quizás un guiño cómplice. Pero ello en absoluto modifica el transfondo de la cuestión: os hecharé de menos el día que las cosas cambien. Y hasta que cambien, os demostraré con hechos el agradecimiento por la parte de vuestro ser que me habéis prestado.
Este no será el primer transbordo en nuestras vidas. A los que hace tiempo abandoné en su parada, dejé a la puerta de su nueva finca, os perdí en la casa fantasma, cogísteis el coche antiguo y perdimos por una razón u otra ancho de banda en nuestras líneas de comunicación: Os sigo hechando de menos.

A los que os conocí con más pena que gloria, a los que os preocupásteis más por vuestro bienestar momentáneo que por hechar una mano, a los que al término amistad soléis añadir el sufijo convenida, a los que fuísteis capaz de mirar a los ojos y simular una amistad y un cariño que sólo existió en vuestros sueños, a los que os habéis vendido por medio euro: nada. Me habéis enseñado en la mayoría de los casos lo que no quiero ser, y aunque tarde sé que debo mantenerme lejos de una relación venenosa. Vosotros mismos acabaréis poniéndoos en vuestro sitio.

No voy a poner ningún nombre porque cada uno alberga en el fondo de su corazón la categoría en la que está incluido. Y habrá quien no le importe.
Gracias


Zeo