January, 2010

Aachen y los Mormones

January 13th, 2010 January 13th, 2010
Posted in Misticismos en la vida
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Aachen es una ciudad tranquila. Su quietud es sólo comparable a la superficie de astros muertos como la Luna. Hasta hoy, el acontecimiento más reseñable que me había ocurrido era perder el tren, o recibir cambio incorrecto en alguna de sus tiendas.

Pero hoy me ha ocurrido algo distinto. Caminando desde el trabajo a mi casa, me he encontrado con dos chicos jóvenes en una calle angosta y llena de nieve por los laterales. Tras dejarme paso, ya que sólo una persona podía cruzar por el estrecho pasillo e iniciar la conversación de rigor (“Danke”, “Bitte”), estas personas han osado romper el protocolo parloteísta. Al oir palabras de fondo que no se correspondían con las esperadas, he tenido que quitarme los cascos e intentar pasar del modo-música al modo-prestar-atención.

En un alemán muy correcto han empezado a hablar de fé y de Dios. Como naturalmente me ha pillado por sorpresa, he tardado unos segundos en reaccionar. Confundiéndolo con una falta de dominio de la lengua alemana, y dado mi aspecto no ario, han cambiado automáticamente al inglés.

-“Hoy queremos hablar de Dios contigo.”

Mi lóbulo izquierdo, que maneja los aspectos lógicos de mi vida, sugiere bajar la cabeza, girar mis piernas e iniciar la huida a velocidad de crucero. Mi lóbulo derecho, aquel que controla las emociones, ordena a mi sistema nervioso central que permanezca impasible reflejando un interés inexistente en mi mirada. La verdad es que es la primera vez que hablo con alguien en todo el día, y no quiero morir por falta de contacto humano.

-“Somos predicadores de la palabra de Dios.”
-“¿Qué es lo que piensas de Dios.”

Mi atea e irreverente mente, sin parar a pensárselo, ha dicho lo primero que se le ha ocurrido

-“En realidad no soy creyente.”

Los dos predicadores han cruzado miradas fugazmente, echando mano mentalmente al capítulo 4 de “Apología del Señor para ateos, niños y otras entidades herejes”

-“Podemos de todas maneras hablar contigo. Hay mucha gente que no cree en Dios porque es muy difícil”

Tras 3 minutos repitiendo lo que previamente había escuchado en el curso de Religión de 3º de la ESO, se ponen las cartas sobre la mesa

-“Nosotros somos de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días”

[Pienso automáticamente en nombres largos, como Felipe Juan Froilán de Todos los Santos]

-“¿Has oído hablar de nosotros?”
-“Si”
-“¿Qué sabes de la Iglesia Mormona”
-“Creo que es una sect…”

[Silencio incómodo]

-“…una escisión de la Iglesia Católica, que comparten parte de los dogmas de la Biblia”

[Respuesta aleatoria en curso]

-“No exáctamente.”

[3 minutos de charla irrelevante con cita incluída para el adoctrinamiento el sábado]

-“Danos un teléfono, para estar en contacto contigo”

Busco en la agenda del teléfono “Neno” y lo proporciono riéndome para mis adentros
-“Un saludo, y espero que os vaya bien”

Nada más llegar a casa, enciendo el ordenador y me conecto para buscar más información.

-“Mormones, Wikipedia…. Practican la poligamia, minipunto para los Mormones… los varones se casan a la edad de 18, minipunto para quedarme el sábado en casa… blablabla… blabla… blablabla”

El resto de puntos son sospechosamente parecidos a los de la Iglesia Católica. Dadas las circunstancias, el sábado tengo un plan más interesante, que es estudiar para el infernal Febrero que me espera. En otras circunstancias me habría pasado por su Iglesia Mormona para tener conversaciones vacías en las que nadie cambiaría su punto de vista