Sobre la amistad…

Después de un largo verano sin dar señales de vida, y a todos aquellos que entrarían dentro de la categoría de saudades:

Soy consciente de que este año será, para una gran mayoría, el principio del fin. Tras una cantidad indeterminada de tiempo caminando juntos, compartiendo vivencias, llega un momento en el que los caminos, hasta ahora comunes, empiezan a separarse y cada uno se traslada a su propia autovía, a su propio sendero de sueños y proyectos por realizar, a su propio avance en la vida en solitario o con distintas compañías.

A todos aquellos de los que he aprendido algo, a los que he podido enseñarles cualquier novedad en sus vidas, a todos aquellos con los que he compartido momentos, muchas veces inolvidables, a todos aquellos de los que llevo parte de su ser bajo todos mis sentimientos; a todos los que han estado dispuestos a tender una mano altiva, con los que he compartido unos acordes musicales de la vida. A esa minoría dentro de una mayoría, tengo ganas, después de este verano, de daros un abrazo psicológico (el físico destrozaría mi reputación de duro norteño). Porque sé que en muchos casos, después de este ciclo académico, nuestras vidas seguirán caminos independientes en la mayoría de los casos, sin más contacto que cumpleaños, quizás fines de año y similares; y para evocar viejos momentos deberé efectuar un nostálgico viaje por la senda intimista de los recuerdos. Pero quiero deciros que me siento orgulloso de haberos tenido como compañeros, y sobre todo como amigos.

También quiero exponeros que este año, precisamente por ser el último trayecto de este viaje en tren, pienso demostraros desde el principio hasta el final lo mucho que habéis significado y significaréis para mi, y aprovechar a pesar de las obligaciones cada fragancia de segundo que pueda aspirar.

Con el paso de los años, uno se acostumbra a cambios drásticos en su soporte sentimental, y las lágrimas y el llanto muchas veces se intercambian por un cruce de manos, una última mirada cruzada o quizás un guiño cómplice. Pero ello en absoluto modifica el transfondo de la cuestión: os hecharé de menos el día que las cosas cambien. Y hasta que cambien, os demostraré con hechos el agradecimiento por la parte de vuestro ser que me habéis prestado.
Este no será el primer transbordo en nuestras vidas. A los que hace tiempo abandoné en su parada, dejé a la puerta de su nueva finca, os perdí en la casa fantasma, cogísteis el coche antiguo y perdimos por una razón u otra ancho de banda en nuestras líneas de comunicación: Os sigo hechando de menos.

A los que os conocí con más pena que gloria, a los que os preocupásteis más por vuestro bienestar momentáneo que por hechar una mano, a los que al término amistad soléis añadir el sufijo convenida, a los que fuísteis capaz de mirar a los ojos y simular una amistad y un cariño que sólo existió en vuestros sueños, a los que os habéis vendido por medio euro: nada. Me habéis enseñado en la mayoría de los casos lo que no quiero ser, y aunque tarde sé que debo mantenerme lejos de una relación venenosa. Vosotros mismos acabaréis poniéndoos en vuestro sitio.

No voy a poner ningún nombre porque cada uno alberga en el fondo de su corazón la categoría en la que está incluido. Y habrá quien no le importe.
Gracias

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