Brutalidad biológica
May 2nd, 2007Posted in Misticismos en la vida
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15:32: Un viernes como otro cualquiera. Tras las clases de rigor de por la mañana, una comida entregando aquel ticket azul tan sencillo, y sin embargo con los índices de falsificación más bajos de todo el planeta, esperábamos entre café, pacharán e hilos de conversación (modo multithread) la clase que nos conduciría al inicio del final del viernes, ergo al último puente de este curso lectivo y por ende, al que quizás fuese el último fin de semana que se pudiese uno tomar con calma. Poco después empezaría la contrarreloj, que en realidad habría empezado a contar desde Septiembre, sin nosotros enterarnos.
15:36: ¡Alarm!. A mis neuronas llega a través del SNC, cruzando una sináptica red de complejidad indesentrañable y a una velocidad de 43 metros por segundo, una señal eléctrica que el ser humano había aprendido a temer desde que estructuras sociales habían empezado a regir nuestros destinos y habíamos abandonado nuestras costumbre animales
{ signal(SIGHECES, Kike) }
Siento como un movimiento intestinal sacude mis cimientos como persona, y lo único que recuerdo de aquel instante es mi penoso intento de seguir la conversación a algún desafortunado interlocutor que proyectaba mentalmente una imagen de hombre interesado en su dialéctica, imagen que se alejaba a pasos agigantados de la realidad a casa segundo que pasaba.
Tenía que trazar un plan rápido, aquello era evidente. Me levanté con aire acompasado, interrumpí a mis ordinarios compañeros con un rutinario ¿Queréis tomar algo?, que todos respondieron con un rutinario no, y comencé a alejarme con un objetivo en mente: expulsar mis heces.
Evité una serie de friendFinders mientras trazaba mentalmente mapas con la ruta más rápida hacia la salida de la cafetería. Me coloqué allí en menos de 15 segundos. Ahora debía trazar una nueva ruta de emergencia, teniendo en cuenta que el tiempo era importante. Decidí, en un alarde de originalidad, acudir a los servicios de la 4ª planta. Como todo el mundo, odio ejecutar esta acción en lugares lejanos a mis puntos de anclaje. La 4ª planta tenía todos los ingredientes que se estimaban a priori necesarios para poder encontrar un lugar vacío, afable, que me recibiese con los brazos las puertas abiertas y no me preguntase mi procedencia, mi color de pie ni mis gustos musicales.
15:41: Planta 4ª. Salgo del ascensor con el modo sigilio activado. Nadie se cruza conmigo, nadie me pregunta, nadie me observa. Me dirijo al pasillo izquierdo. Mi retículo intestinal se encuentra en unos momentos de tensión extrema: ha habido personas que en este momento han estallado, habiéndoselas reconocido tan sólo cuando se efectuó la prueba del ADN. Sin embargo, soy un experto en este asunto.
Empujo la puerta sabiéndome dominador de la situación, con aires de forajido far-west, mientras una sonrisa de victoria se dibuja en mis labios. Hay dos puertas. Pero… algo no estaba en orden. Una de ellas estaba ocupada, y no sabía que ser se encontraba en su interior. Podría ser un profesor con ávida sed de sangre, otro alumno que hubiese recibido la misma señal, el fontanero, un Locus… Con temor, empujé la puerta contraria, y con rapidez cerré el cerrojo mientras meditaba sobre el hecho…
15:42: Silencio…
15:43: Silencio…
15:44: Percibo unas vibraciones sonoras, que mi cerebro en centésimas de segundo asocia a un sonido familiar, sonido que reposa tranquilamente en el córtex cerebral sabiendo que ninguna droga jamás le hará salir de aquel baúl de los recuerdos. Es una cadena, y el agua que posteriormente le sigue me devuelve en parte la conciencia. Aquel ser debía encontrarse en esa habitación del odio, en esa habitación donde las convenciones humanas no contaban para nada, con el mismo objetivo que yo. Han sido dos minutos de tensión. Ambos, conocedores de la situación del rival, hemos evitado hacer ruido, esperando a que alguien abandonase el lugar para poder expulsar heces con tranquilidad, y sin miedo a violar alguna ley del buen gusto no escrita. Tras el consabido ritual (limpieza de manos, papel higiénico en llamas por debajo de la puerta como venganza…) y la posterior salida de mi vencido y desconocido contrincante, me jacto de mi nueva situación, mientras inicio una sonora evacuacion, impensable en otros momentos, con público expectante…
…30 segundos es lo que tarda mi otrora vencido contrincante en devolverme x5 el golpe efectuado. Escucho como 3 personas diferentes entran en la habitación, ambas conocedoras de mi ubicación actual. A través de los átomos de madera de la puerta violeta entreveo una sonrisa de revancha, malvada, una sonrisa de satisfacción y de rabia evaporada. Acababa de marcarme un gol, y el lo sabía.
Aquellas personas entablan conversaciones profundas sobre aulas, planificaciones, sueños personales… mientras saben que cada segundo que ellos malgastan allí me roban un poco de mi vida. Ellos sabían que estaba allí, y pretendían destruir mi deseo y voluntad de dominar el mundo. Saben que nunca haría un ruido mientras estuviesen expectantes, y se regocijan en ello.
Quien inventó las convenciones sociales, utilizó el sexo como sistema de dominación natural, y el dinero y los servicios como sistema artificial de dominación de la voluntad humana. Aquel que controla las puertas de un servicio público controla una pequeña porción de mundo. Me dije a mi mismo que si sobrevivía a esto, comenzaría a invertir mis pobres ahorros en Roca.
15:56: La presión en mis intestinos golpea con una fuerza inusitada. Necesitaría una plancha hidráulica para mantener mi esfínter cerrado, pero mis oponentes no van a abandonar ahora. Son profesionales, y esperarán charlando en su sitio hasta que me llegue mi hora. Decido entonces tirar de la cadena, con la esperanza de que tal vez llegue a algún sitio donde el dolor no exista, y los residuos del metabolismo celular puedan ser expulsados a través de la conversación, o reciclados.










